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Bogotá

Niños en Bogotá conservan tradiciones indígenas a través de Casas de Pensamiento Intercultural

indigena-artesania
El amor por el agua, la naturaleza y lo que representan los frutos de la tierra son algunos de los aprendizajes que se dan en las Casas de Pensamiento Intercultural, una modalidad de Jardines infantiles del Distrito que reciben, entre muchos otros, a niños Misak, Muisca, Inga, Huitoto, Kichwa y Pijao que viven en Bogotá.

En la ciudad existen 10 casas de pensamiento donde se garantiza la atención de niños entre los 0 y los 5 años. Están ubicadas en Engativá, Suba, Los Mártires, Bosa, San Cristóbal, Santa Fe, Fontibón, Usme y Kennedy. Estos jardines, además de preservar la cultura de los diferentes pueblos indígenas, buscan promover la interculturalidad, para que estas tradiciones puedan ser compartidas por todos, aunque no pertenezcan a alguna comunidad.

La Casa de Pensamiento Intercultural “Nietos del Trueno” está en Kennedy y cultiva las tradiciones ancestrales indígenas, pero además las afrodescendientes.

“Esta Casa de Pensamiento tuvo un proceso con el pueblo indígena Nasa que habita en Bogotá, pero la población del sector que hemos encontrado no ha sido solamente Nasa, entonces tenemos niños afrodescendientes, indígenas Pijao, Emberá; de esta manera tenemos muchos conocimientos para compartir”, explica Lupe Amaguaña Picuasi, coordinadora de la Casa de pensamiento e indígena Kichwas.

En este espacio, en el barrio El Amparo de Kennedy, las actividades pedagógicas realizadas con los niños se rigen por el ciclo agrícola del maíz. “Buscamos que ellos entiendan que es el equinoccio, cuáles son los solsticios, cuáles son las festividades, que no solo son agrícolas sino cósmicas y que tiene relación directa con el ser humano, entonces cómo el ser humano le agradece a la tierra a través de rituales y ceremonias todo lo que nos brinda a diario”, ilustra Lupe.

Los sabedores indígenas también hacen parte de las casas de pensamiento. Se encargan de compartir sus conocimientos sobre medicina tradicional, tejidos, danza, lengua nativa y la cosmovisión de cada pueblo.

“Ancestralmente todos los pueblos nativos, ya sean afro o indígenas, tenemos la creencia de la tierra como madre, entonces lo que hacemos aquí es incentivar en los niños ese amor, ese arraigo y a creer que somos hijos de la tierra trabajándola”, cuenta la coordinadora de este espacio.

Es por esto, que los pequeños adelantan actividades con semillas y el alimento que da la tierra, para identificarlas, pero además para valorar sus frutos. “Conocí de esta casa de pensamiento por medio de una amiga y el progreso de mi hija ha sido excelente, ha tenido mayor relación con los otros niños, además un reconocimiento y apropiación del entorno muy importante”, indicó Nefris Berrio, mamá beneficiaria de la Casa de Pensamiento Nietos del Trueno.

Adicionalmente, en este jardín se cuenta con La Tulpa, un espacio especial para unir a la comunidad en torno al fuego y lo que este representa para ellos. “Les enséñanos el sentido de la tulpa, que es el lugar sagrado del fuego y a través de él se dialoga, se planean las cosas, se fortalece la tradición oral y la lengua. Se vincula a los niños a través de la palabra, a respetar el fuego y a ver que todo está vivó alrededor y todo tiene un sentido para nosotros”, expresó Lupe.

La interculturalidad es la característica de este espacio, ya que se benefician niños que no pertenecen a ningún grupo étnico.

“Mi hijo tiene una discapacidad, sufre de microcefalia y epilepsia y aquí me lo han tratado muy bien. Desde que yo lo traje ha cambiado muchísimo, se ha despertado más y la manera como lo tratan con mucha calma, lo duermen diferente como lo hacemos en la casa, y le enseñan la importancia del agua, las plantas”, relata Jennifer Andrea Rodríguez, mamá beneficiaria de la casa de pensamiento.

Así mismo, dentro del equipo de talento humano del jardín se busca que las maestras también pertenezcan a diferentes culturas. “Trabajamos la medicina tradicional, la gastronomía, trabajamos toda la parte de la cosmovisión y porque nosotros nos consideramos hijos de la madre tierra y porque tenemos a seres sagrados como el Sol, la Luna, y el cosmos”, explica la coordinadora de Nietos del Trueno.