En Miami centenares de personas celebran el anuncio sobre la muerte del líder cubano Fidel Castro, en la mañana de este sábado los gritos exaltados por la libertad y el fin del régimen castrista se hacen sentior a lo largo y ancho de la costa estadounidense.
Gritan «¡Cuba libre!» y «¡Libertad, libertad!», se bañan en champán, se toman selfies y vídeos, cantan y tocan tambores y cacerolas.
«Viva la libertad, abajo la tiranía». Bajo esa consigna el exilio llenó un amplio tramo de la Calle Ocho, donde los reunidos entonaron con pasión el himno de Bayamo, símbolo de la nación cubana, y con más fuerza si cabe el verso «morir por la patria es vivir».
«Es triste que uno se alegre de la muerte de una persona, pero es que esa persona nunca debió haber nacido», dijo Pablo Arencibia, un maestro de 67 años que salió de Cuba hace 20.»Satanás es el que tiene que preocuparse ahora, que Fidel va para ahí y le va a querer quitar el puesto», bromeó, casi inaudible entre los los cacerolazos, los tambores, las bocinas y las consignas que despertaban a los vecinos.
Ana Cristina Carrodeguas, esposa del alcalde de Miami, Tomás Regalado, dijo que han recibido llamadas desde la isla en las que les contaban que estaban celebrando en privado, sin hacer ruido.
Para el alcalde, que pasó toda la noche junto a sus vecinos, esa celebración espontánea y legitima de los jóvenes, a pesar de su motivo luctuoso, es reflejo del sentimiento de sus padres y abuelos, muchos de ellos ya desaparecidos y que no pudieron vivir la desaparición del líder cubano.
Luis Voldeán, de 78 años, se felicitó de que haya muerto la «primera bestia, que cambió una isla acogedora en el infierno en la tierra».
«Llegó la hora. Dios no nos abandonó, pero nosotros tenemos que hacer nuestra parte. En Cuba hay muchos fidelistas, pero no hay ningún raulista. Se fue el Robín Hood, el niño lindo, y las fuerzas armadas deben proteger al pueblo, si no lo hacen son unos cobardes, pero yo creo que habrá sorpresas pronto», señaló.
«Murió la rata» o «Satanás achicharrado». Así de contundentes eran los carteles improvisados que los trasnochadores del Versailles jaleaban, mientras dos esqueletos se bamboleaban al ritmo de la conga cubana.
Pedro Miguel Pérez, de Cienfuegos, optó por disfrazarse del presidente electo Donald Trump, para esta ocasión tan esperada.
«No es un capricho, han sido más de 50 años de espera», dijo a Efe.
Cerca de él, Mayra Piloto, destacó el gran número de jóvenes que representan la alegría de sus progenitores, aunque eso también supone un sentimiento de nostalgia por todos aquellos que no pudieron vivir esta noche.
«Este señor tenía tantas muertes en sus manos, los fusilados, los que murieron en el mar intentando huir de la isla y todos aquellos que murieron en el exilio», lamentó.
Al sonido de las congas y tambores, casi ya olvidado el motivo del festejo, algunas mujeres bailaban de manera sensual en el centro de un corrillo.
Mientras los hombres, encendidos, jaleaban «pal piso, pal piso» para que ellas bajasen todavía más sus caderas, mientras un señor, ya veterano, sentenciaba: «No hay nada más cubano».
Para mantener las energías, la cafetería Versailles permaneció abierta hasta las 5 de la mañana, en un trasiego imparable de coladitas, pastelitos de guayaba y croquetas.
«Es una noche inolvidable. La gente está eufórica, feliz de que este día llegó», señaló a Efe Marisabel Abrantes, camarera del autoproclamado restaurante cubano más famoso del mundo.
Aunque le tocó doblar turno y trabajar toda la noche, asegura que la noticia bien lo vale y se congratuló de la generosidad de los exultantes clientes, que dejaron más propina de lo habitual.
«Nos vemos en Cuba» era la despedida más escuchada, mientras la gente iba dejando lugar para los que se despierten después de haber dormido sin conocer la noticia que el exilio esperaba recibir desde hace medio siglo, así que la fiesta promete durar todo el fin de semana en Miami.
Santa Fe con agencias
