La política pública para abordar el fenómeno del ejercicio de la prostitución en Bogotá no puede seguir concentrado en los clientes de ese negocio. Debe abordarse de manera integral, con la mujer que ejerce el oficio como centro de las acciones.
Es hora de que pasemos del examen médico y el uso del condón a formular acciones concretas para garantizarles a estas mujeres opciones que les permitan construir una opción de vida con ingresos dignos, pues no todas las que ejercen quieren mantenerse en el trabajo sexual.
Lo prueba la caracterización que realizó la Secretaría de Integración Social que muestra que el 67 por ciento de las mujeres en ejercicio de la prostitución ha querido abandonar esa actividad, pero el 80 por ciento de ellas no ha podido por problemas económicos.
De ahí que sea urgente diversificar las capacitaciones que se hacen para estas mujeres. No solo es el uso del condón y las citologías. Y no es que desconozca la importancia de manejar el tema sanitario, sino que la política pública no se puede limitar a eso.
Tenemos que pensar en qué vamos a formar a las mujeres, qué es lo más apropiado para ayudarles a construir un proyecto de vida, en cómo vamos a cerrar la brecha de la discriminación.
Son mujeres que hacen parte de la población vulnerable de la ciudad. Y ahí, tal vez, tenemos que pensar en qué tan conveniente es que estemos fragmentando la política pública por poblaciones afro, indígena, víctimas, LGBTI o venezolanos.
Hay temas transversales que son comunes a todas las personas vulnerables. Y hay fenómenos que se conectan y agravan la situación de muchas de estas personas.
Pensemos solamente en el caso de los venezolanos. Muchos de ellos, especialmente las mujeres están siendo víctimas de trata, de abuso y de explotación sexual. Muchas de esas jóvenes del vecino país incluso han desplazado en el oficio a colombianas que ejercen en Bogotá. Eso profundiza problemas como la xenofobia.
De ahí que sea importante un abordaje integral porque al fin de cuentas todas, colombianas y venezolanas, son igualmente explotadas, y muchas de ambos países quisieran construir un proyecto de vida lejos de la prostitución y no encuentra el respaldo institucional para hacerlo.
Es un hecho que la prostitución no se va a acabar, así eliminemos la zona de tolerancia del barrio Santa Fe en los Mártires como proponía el Plan de Ordenamiento Territorial que estudiamos recientemente. Así que hay que regular el tema, hay que formular una política pública, pero que no se quede en el papel, que dé resultados, que permita construir proyectos de vida.
Estoy de acuerdo en que sigamos haciendo acciones afirmativas, pero aisladas no sirven, no producen efecto. Igual que ocurre con capacitaciones que se hacen para llenar estadísticas y no para cambiar vidas, como ocurre en muchas entidades del Distrito.
Hay que trabajar con totas las mujeres, con las que reivindican el oficio de la prostitución como trabajo sexual y con las que no lo hacen.
Son buenas medidas como la Casa de Todas para las mujeres de Santa Fe, pero hay que mejorarla con temas como la productividad. Un manejo integral dará mejores resultados.
LUCÍA BASTIDAS
CONCEJAL
